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PENÚLTIMO LIBRO

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ATENTO AVISO

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿QUÉ SE PUEDE HACER?. !!!! conócete a ti mismo!!!! .

El único sentido comprensible de nuestra encarnación es la toma de conciencia. Asombra lo poco que la gente se preocupa del único tema importante de su vida.Y también está bastante claro que un día uno tiene que dejarlo todo (familia, dinero, casa, nombre). !!!! conócete a ti mismo!!!! .

Después de tantas reflexiones y consideraciones dirigidas a comprender el mensaje de los síntomas, el enfermo se pregunta: «Y ahora que ya sé todas estas cosas, ¿qué tengo que hacer para curarme?» Nuestra respuesta es siempre la misma: «¡Abrir los ojos!» Esta invitación en un principio, suele considerarse trivial, simplista e inoperante.

Y es que uno quiere hacer algo, quiere cambiar, actuar de otro modo. ¿Y qué se cambia con «abrir los ojos»? Nuestro constante afán de «cambio» es uno de los mayores peligros que acechan en el camino. En realidad, no hay nada que cambiar, excepto nuestra visión. Por eso nuestro consejo se reduce a «abrir los ojos».

En este mundo, el ser humano no puede hacer más que aprender a ver, aunque, desde luego, es lo más difícil.

La evolución se funda únicamente en la modificación de la visión: todas las funciones externas son mera expresión de la nueva visión.

Comparemos, por ejemplo, el actual estado de desarrollo de la técnica con el de la Edad Media y la única diferencia es que desde entonces hemos aprendido a ver determinadas leyes y posibilidades.

Son leyes y posibilidades que ya existían hace diez mil años, sólo que entonces nadie las había visto.

El ser humano gusta de imaginar que él crea algo Nuevo, y habla con orgullo de sus inventos.

Pero no se da cuenta de que más que inventar, lo que hace es encontrar una posibilidad ya existente.

Todos los pensamientos y las ideas están ahí en potencia, pero el ser humano necesita tiempo para integrárselos.

Por mucho que les duela a los que se empeñan en mejorar el mundo, en este mundo no hay nada que mejorar ni que cambiar, más que la propia visión.

Los más complicados problemas se reducen, en última instancia a la vieja fórmula de ¡conócete a ti mismo!

Esto, en realidad, es tan difícil y tan arduo que continuamente tratamos de desarrollar complicadas teorías y sistemas a fin de conocer y cambiar a nuestros semejantes, nuestras circunstancias y nuestro entorno.

Después de tantos afanes, es irritante que las ampulosas teorías, sistemas y elucubraciones, sean barridos de la mesa y sustituidos por un simple «conócete a ti mismo».

Pero mejorarse a sí mismo no es sino aprender a verse tal como uno es. Reconocerse a sí mismo no significa conocer su Yo.

El Yo es al Ser lo que un vaso de agua es al océano. Nuestro Yo nos enferma, el Ser está sano. El camino de la salud es el camino que va del Yo al Ser, de la cárcel a la libertad, de la polaridad a la unidad.

Cuando un síntoma determinado me indica lo que (entre otras cosas) me falta para alcanzar la unidad, tengo que aprender a ver esta carencia y asumirla conscientemente.

Con nuestras interpretaciones pretendemos conducir la mirada hacia aquello que siempre pasamos por alto. Cada uno lo ve, bastará con que no lo pierda de vista y lo mire con más y más atención.

Sólo una observación constante y atenta vence las resistencias y hace crecer ese amor que es necesario para asumir lo observado.

Para ver la sombra hay que iluminarla.

Errónea —pero frecuente— es la reacción de querer librarse lo antes posible del principio que el síntoma revela. Así el que al fin descubre su agresividad subconsciente se pregunta con horror: «¿Y qué hago yo ahora para librarme de esta terrible agresividad?» La respuesta es: «Nada. ¡Disfrútala!»

Es precisamente este «no querer tener» lo que provoca la formación de la sombra y nos pone enfermos: ver la agresividad nos sana.

Quien lo considere peligroso olvida que no por mirar hacia otro lado vamos a hacer desaparecer un principio.

El principio peligroso no existe, sólo es peligrosa la fuerza desequilibrada. Cada principio es neutralizado por su polo opuesto.

Aislado, todo principio es peligroso. El calor solo es tan malo para la vida como el frío solo. La mansedumbre aislada no es más noble que la intemperancia aislada.

Sólo en el equilibrio de las fuerzas está la paz. La gran diferencia entre «el mundo» y «los sabios» consiste en que el mundo siempre trata de hacer realidad un polo, mientras que los sabios prefieren el justo medio entre los dos polos.

El que llega a comprender que el ser humano es un microcosmos, poco a poco pierde el miedo a ver en sí todos los principios.

Si en un síntoma descubrimos un principio que nos falta, basta con aprender a querer el síntoma ya que él hace realidad lo que nos falta.

El que espera con impaciencia la desaparición del síntoma no ha comprendido el concepto.

El síntoma expresa el principio que está en la sombra: si nosotros aceptamos el principio, mal podemos rechazar el síntoma.

Aquí está la clave. La aceptación del síntoma lo hace superfluo. La resistencia provoca mayor presión.

El síntoma desaparece rápidamente cuando al paciente se le ha hecho indiferente. La indiferencia indica que el paciente acepta la validez del principio manifestado en el síntoma. Y esto se consigue sólo con «abrir los ojos».

Para evitar malas interpretaciones, repetiremos una vez más que nosotros hablamos del plano esencial de la enfermedad y en ningún caso pretendemos prescribir el comportamiento a observar en el plano funcional.

El examen de la esencia del síntoma no tiene por qué excluir determinadas medidas funcionales. Nuestra explicación de la polaridad ya debe de haber dejado claro que nosotros, en cada caso, evitamos las disyuntivas y no excluimos ninguna opción.

Por ejemplo, ante una perforación de estómago, nuestro planteamiento no será: «¿Operamos o explicamos?» Lo uno no excluye lo otro sino que le da sentido.

Pero la simple operación pronto perderá todo sentido si el paciente no lo capta, como la explicación pierde también todo sentido si el paciente se muere.

Por otra parte, no hay que olvidar que la gran mayoría de los síntomas no presentan peligro de muerte y, por lo tanto, la cuestión de las medidas funcionales a adoptar no se plantea con tanta urgencia.

Las medidas funcionales, sean eficaces o no, nunca afectan al tema de la «curación». La curación sólo puede realizarse en la mente.

En cada caso queda en el aire la duda de si un paciente llega a conseguir ser sincero consigo mismo.

La experiencia nos ha hecho escépticos. Incluso personas que han dedicado la vida al trabajo intelectual suelen tener una sorprendente ceguera ante sí mismos.

Ésta es, pues, la medida en que cada cual podrá beneficiarse de las interpretaciones de este libro.

En muchos casos, será necesario someterse a procesos más enérgicos e incisivos para descubrir lo que uno no quiso ver.

El único sentido comprensible de nuestra encarnación es la toma de conciencia. Asombra lo poco que la gente se preocupa del único tema importante de su vida.

No carece de ironía que se derrochen tantos cuidados y atenciones en el cuerpo, a pesar de que es sabido que un día ha de ser pasto de los gusanos.

Y también está bastante claro que un día uno tiene que dejarlo todo (familia, dinero, casa, nombre).

Lo único que perdura más allá de la tumba es la conciencia y es lo que menos preocupa.

Tomar conciencia es el objetivo de nuestra existencia y sólo a este objetivo sirve todo el universo.

El que haya desarrollado la visión para observar cómo en cada proceso y cada síntoma corporales se manifiesta un factor psíquico, ése sabrá también que sólo los procesos de la conciencia pueden resolver los problemas que se han exteriorizado en el cuerpo.

Por lo tanto, nosotros no dictaminamos sobre indicaciones ni contraindicaciones de la psicoterapia.

Sólo vemos a unos seres humanos que SE CREEN enfermos y a los que los síntomas empujan a la curación.

Por ello, en el tratamiento, nos aliamos con los síntomas del cliente y les ayudamos a conseguir su objetivo, porque el cuerpo siempre tiene razón.

La medicina académica hace todo lo contrario: se alía con el paciente en contra del síntoma.

Nosotros nos situamos siempre en el lado de la sombra y la ayudamos a salir a la luz. Nosotros no peleamos contra la enfermedad y sus síntomas sino que tratamos de utilizarlos como eje de la curación.

La enfermedad es la gran oportunidad del ser humano, su mayor bien. La enfermedad es la maestra de cada cual, que guía en el camino de la curación.

Existen varios caminos que conducen a este objetivo, la mayoría, duros y complicados, pero el más próximo e individualizado suele pasarse por alto: la enfermedad.

Es el camino menos propicio para hacer que nos engañemos a nosotros mismos o alimentemos ilusiones. Por ello es tan poco grato.

El que no esté dispuesto a guiarse por este otro sistema de valores es que ha entendido mal nuestras explicaciones.

Pero al que entienda la enfermedad como un camino se le abrirá un mundo de perspectivas nuevas.

Nuestra manera de tratar la enfermedad no hace la vida ni más fácil ni más sana; lo que nosotros pretendemos es dar al ser humano el valor que necesita para mirar cara a cara los conflictos y problemas de este mundo polar.

La solución está más allá de la polaridad; pero para llegar a ella hay que unificar los polos, reconciliar los contrarios.

Este difícil arte de la unión de los contrarios sólo lo domina el que ha conocido los dos polos. Para ello hay que estar dispuesto a encarar e integrar con valentía todos los polos.

«Solve et coagola», dicen los viejos textos: disuelve y coagula. Primeramente tenemos que ver las diferencias y sentir la separación y la división antes de poder aventurarnos a la gran obra de las bodas químicas, la unión de los contrarios.

Por ello primeramente el hombre tiene que descender a la polaridad del mundo material, en materia, enfermedad, para encontrar, en la noche más negra del alma y en la más profunda zozobra, la luz del conocimiento que le permita ver su camino a través del sufrimiento que tuvo y el dolor como un acto significativo que le ayudó a encontrarse allá donde siempre estuvo: en la unidad.

Querida, al final solo toma lo que sirva a tu propósito más elevado, a la creación más elevada y magnífica de Quien Eres Realmente.
* * * * *
Realmente aún lo poco que he llegado a transcribir aquí, para mí personalmente tiene tanta enseñanza, tanta cosa que aprender, tomar conciencia de lo que hay realmente detrás de los síntomas físicos.

Les aseguro que es difícil, pero como quiero llegar a la sanación, voy a hacer lo más posible para lograrlo.

Debido a que todo esto lo estoy compaginando después de un lapso de 3 meses y medio, las observaciones serán un poco distintas de lo que habrían sido si lo hubiese escrito inmediatamente, pero justamente lo que quiero con este nuevo libro es retomar el hilo de mi vida, y por consiguiente voy a relatar los eventos que son de importancia y que pueden servir a otros hermanos, pero salvo que sea algo importante no iré poniendo fechas día por día, solo relataré lo que me resulta de importancia.

Lo que sí puedo contar, es que ya ha pasado mucho tiempo. La rodilla que tuvo una ampolla todavía no está totalmente repuesta, de a ratos sigo sintiendo como fiebre en donde está la cicatriz, y ambas aún están hinchadas, y duelen.

Alexiis : muetterken@yahoo.com.ar



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